I+D en Suiza: estructura, escala y el papel de la electrónica
Suiza es descrita con frecuencia como una de las economías más innovadoras del mundo. En el Global Innovation Index, el país ha ocupado repetidamente el primer puesto, por delante de naciones industriales mucho más grandes. Esta posición refleja una combinación de una alta intensidad de I+D, una sólida actividad en patentes y una densa red de empresas que realizan actividades de investigación. Sin embargo, estos indicadores agregados dicen relativamente poco sobre cómo se estructura la innovación en la práctica, y aún menos sobre la posición de la electrónica dentro de la economía suiza.
En espera de la Evertiq Expo Zurich, el 23 de abril
A diferencia de los países en los que la electrónica o las TIC definen el relato industrial, el sistema de innovación suizo está configurado principalmente por la industria farmacéutica, las ciencias de la vida, la fabricación de precisión y los servicios financieros. La electrónica desempeña un papel distinto: menos visible, raramente tratada como un sector autónomo, pero profundamente integrada a lo largo de las cadenas de valor industriales.
En un análisis reciente, Evertiq examinó qué países dominan el gasto mundial en investigación y desarrollo. El panorama era claro: el mapa global está configurado principalmente por Estados Unidos y China. Pero el mundo no se limita a estos dos gigantes. El ecosistema global de la I+D es mucho más amplio y está conformado también por países medianos y pequeños, cada uno de los cuales aporta su propia contribución al conjunto. En este contexto, Suiza emerge como un caso de especial interés. Con motivo de la Evertiq Expo en Zúrich, el país es analizado con mayor detalle. ¿Es realmente tan diferente su estructura interna de la de otros países europeos?
En el Global Innovation Index 2025, Suiza volvió a situarse en el primer puesto a nivel mundial, lo que refleja no solo su desempeño global en materia de innovación, sino también la escala y la estructura de su sistema de I+D. En 2023, el gasto total en I+D alcanzó los 25.900 millones de francos suizos, con las empresas representando aproximadamente el 69 % de la actividad de I+D y las instituciones de educación superior un 28 % adicional. Alrededor de 150.000 personas estaban empleadas en funciones relacionadas con la I+D. El gasto en I+D empresarial por sí solo ascendió a unos 18.000 millones de francos suizos, siendo la industria farmacéutica el principal sector inversor. En términos relativos, el gasto en I+D de las empresas en Suiza equivale a más del 2 % del PIB, lo que sitúa al país entre las economías más intensivas en I+D de Europa. No obstante, esta fortaleza está altamente concentrada: el panorama de la innovación está dominado por las ciencias de la vida, la fabricación de precisión y las tecnologías industriales avanzadas, mientras que la electrónica rara vez aparece como un sector líder por derecho propio. En su lugar, opera principalmente como una capa habilitadora, integrada en las cadenas de valor de la investigación y de la industria, sin configurar el relato dominante de la innovación suiza.
Un sistema de I+D impulsado por el sector privado
Una de las características definitorias del sistema de I+D suizo es el papel dominante del sector privado. Las empresas representan cerca del 70 % del gasto total en investigación y desarrollo, lo que sitúa a Suiza entre los sistemas de investigación más impulsados por el sector privado en Europa. La actividad de I+D está, por tanto, estrechamente vinculada a la producción industrial y a las estrategias tecnológicas corporativas, más que a grandes programas nacionales o a iniciativas públicas centralizadas.
Esta estructura se refleja en la composición industrial del país. La industria de maquinaria, eléctrica y metalúrgica — comúnmente denominada sector MEM — emplea aproximadamente a 325.000 personas y representa alrededor de un tercio de las exportaciones industriales de Suiza. También es uno de los principales receptores del gasto privado en I+D, lo que refuerza el estrecho vínculo entre la investigación aplicada, la ingeniería y la innovación orientada a la producción. En este entorno, una parte significativa de la I+D aplicada en Suiza tiene lugar en la intersección entre la ingeniería mecánica, la electrónica y la integración de sistemas.
Para la electrónica, este modelo tiene implicaciones claras. La I+D liderada por las empresas prioriza tecnologías que pueden integrarse directamente en productos y sistemas de producción. El énfasis se sitúa en la fiabilidad, la precisión y el rendimiento a largo plazo, más que en ciclos de desarrollo rápidos impulsados por el consumo. Esto se alinea con el perfil industrial más amplio de Suiza, donde la creación de valor se basa en sistemas especializados y de alta calidad, en lugar de en la fabricación de grandes volúmenes.
La electrónica como tecnología habilitadora
En Suiza, la electrónica rara vez se presenta como una industria en sí misma. En su lugar, funciona principalmente como una capa habilitadora que sustenta la automatización, la maquinaria, la logística, las tecnologías de edificación y los equipos de laboratorio. Los ecosistemas de fabricación avanzada dependen en gran medida de la electrónica integrada, los sistemas de control, los sensores y las plataformas industriales de TIC. Como resultado, la electrónica está presente en amplias áreas de la economía, aunque a menudo de manera indirecta.
Este posicionamiento ayuda a explicar por qué la electrónica rara vez aparece de forma destacada en los relatos nacionales sobre innovación, a pesar de su importancia sistémica. La actividad electrónica en Suiza suele estar integrada en estructuras industriales más amplias, en lugar de organizarse en torno a mercados de consumo autónomos o a campeones de la electrónica verticalmente integrados.
La electrónica industrial en la práctica
El papel de la electrónica se vuelve más visible cuando se analiza a través de segmentos industriales y empresas concretas. En la automatización industrial y la mecatrónica, empresas como Stäubli desarrollan sistemas robóticos y conectores que combinan la ingeniería mecánica con electrónica de control avanzada. Phoenix Mecano, por ejemplo, opera a escala global en componentes industriales, carcasas electrónicas y soluciones de sistema que constituyen la columna vertebral de las arquitecturas de automatización y control utilizadas en múltiples industrias.
En la automatización logística, Swisslog ilustra cómo convergen en la práctica la electrónica, el software y la ingeniería de sistemas. Sus soluciones de intralogística automatizada dependen de tecnologías de sensores, electrónica de control integrada y plataformas de software integradas, ámbitos en los que una inversión sostenida en I+D es esencial para mantener la competitividad en los mercados globales.
Las tecnologías de sensores y medición constituyen otro pilar clave. Empresas como Kistler Group se especializan en sistemas de medición de alta precisión utilizados en procesos industriales, ensayos automotrices y aplicaciones médicas. Kistler invierte una parte significativa de sus ingresos en I+D y posee varios cientos de patentes activas, lo que ilustra cómo la innovación impulsada por la electrónica está integrada en los nichos industriales de alto valor añadido de Suiza, más que en productos de consumo masivo.
Las tecnologías de microsistemas y MEMS amplían aún más este panorama. Suiza alberga un ecosistema concentrado de empresas activas en la detección a microescala, el procesamiento de señales y la integración de sistemas, que suministran soluciones para la monitorización industrial, el diagnóstico médico y la medición medioambiental. Estas actividades están altamente especializadas, orientadas a la exportación y estrechamente alineadas con las hojas de ruta tecnológicas globales.
Un mercado interno reducido, cadenas de valor globales
El mercado interno suizo de la electrónica es limitado, tanto por el tamaño de la población como por la ausencia de una fabricación a gran escala de electrónica de consumo. La demanda está dominada por aplicaciones B2B y sistemas industriales de alto valor añadido, en lugar de productos de consumo masivo. Como resultado, las empresas suizas de electrónica están profundamente integradas en las cadenas de valor globales, y las tecnologías desarrolladas a nivel nacional se incorporan con frecuencia en sistemas de mayor tamaño fabricados y desplegados en el extranjero.
Esta orientación internacional refuerza el papel central de la I+D. Para mantenerse competitivas, las empresas deben adaptarse de forma continua a los estándares globales, a los requisitos de los clientes y a los marcos regulatorios. La innovación, por tanto, está impulsada menos por la escala del mercado interno y más por la profundidad tecnológica, las competencias a nivel de sistemas y las asociaciones industriales de largo plazo.
Una configuración europea diferenciada
Dentro del panorama europeo de la I+D, Suiza representa una configuración diferenciada en términos de intensidad de la investigación y organización industrial. Mientras que el gasto medio en I+D de la Unión Europea se mantiene por debajo del 2,3 % del PIB, Suiza supera de forma constante el 3 %, situándose entre las economías más intensivas en I+D de Europa. Al mismo tiempo, su sistema difiere estructuralmente tanto de las grandes economías industriales como de los modelos de innovación de menor escala, más coordinados por el Estado.
Conviene examinar más de cerca el caso de Alemania, que combina un gasto absoluto en I+D muy elevado —superior a los 120.000 millones de euros anuales— con una escala industrial significativa y una amplia cobertura sectorial, que incluye la automoción, la maquinaria, la electrónica y la industria química. Francia, por su parte, sigue un enfoque más dirigido por el Estado, con un papel más destacado de los organismos públicos de investigación, los programas nacionales y la coordinación estratégica. Suiza, en cambio, combina una alta intensidad de I+D con descentralización y autonomía empresarial, siendo las empresas privadas responsables de cerca del 70 % del gasto total en I+D.
Para la electrónica, esta posición europea tiene consecuencias concretas. Suiza ofrece un entorno altamente favorable para una especialización profunda y una innovación aplicada, pero presenta menos vías para una rápida escalabilidad hacia los mercados de masas. La electrónica funciona menos como un sector protagonista y más como una infraestructura crítica dentro del ecosistema industrial. Sustenta la automatización, la fabricación de precisión y la integración de sistemas, configurando de forma discreta el desempeño innovador sin definir el relato público.


